San Miguel de la Mora pudo haber huido. Tuvo la oportunidad, como muchos otros sacerdotes de su tiempo, de esconderse o salir del país mientras la persecución religiosa arreciaba en México. En cambio, eligió quedarse. Su respuesta a quienes le insistían en que se pusiera a salvo resume por completo quién fue: «¿Cómo se va a quedar Colima sin sacerdotes?» Hoy, cada 7 de agosto, la Iglesia recuerda el día exacto en que esa decisión le costó la vida.
De las labores del campo al altar
Nació el 19 de junio de 1874 en el rancho Rincón del Tigre, municipio de Tecalitlán, Jalisco, en una familia campesina numerosa y profundamente cristiana. De niño ayudaba a su familia con la tierra y el ganado; nada en su infancia anunciaba todavía el camino que tomaría. Al morir su padre, su hermano mayor, Regino, se hizo cargo de él y lo llevó a la ciudad de Colima, donde lo inscribió en el Seminario Conciliar. Ahí se formó hasta su ordenación sacerdotal, en 1906.
Un sacerdote sencillo en tiempos de persecución
Sirvió como ministro en Tomatlán, en la hacienda de San Antonio (Zapotitlán) y finalmente en la Catedral de Colima, donde fue capellán de coro. Era, según quienes lo conocieron, un hombre discreto, puntual y de gran caridad con los pobres.
Colima fue el primer estado mexicano donde el gobierno exigió que todos los sacerdotes se registraran para poder ejercer su ministerio, como parte de las leyes anticlericales que desatarían la Guerra Cristera (1926-1929). El obispo y su clero, incluido el padre Miguel, se negaron unánimemente a someterse a esa imposición: preferían sufrir cualquier consecuencia antes que traicionar su fidelidad a la Iglesia.
La decisión de quedarse
Cuando el conflicto ya estaba en pleno apogeo y muchos sacerdotes optaban por esconderse o abandonar sus parroquias, Miguel de la Mora decidió permanecer junto a su gente, en casa de su familia. No fue un gesto de heroísmo calculado, sino la convicción sencilla de un pastor que no concebía dejar a su pueblo sin la Eucaristía ni los sacramentos.
El martirio del 7 de agosto de 1927
La madrugada de ese día, el padre Miguel salió hacia la sierra acompañado de su hermano Regino y de otro sacerdote, Cristóbal Sandoval. Los tres fueron capturados y atados; en el camino, el padre Sandoval logró escapar sin ser reconocido como sacerdote. Al mediodía, los hermanos De la Mora llegaron a Colima, donde un general local ordenó su ejecución inmediata en la caballeriza del cuartel militar.
El padre Miguel fue fusilado mientras rezaba el Rosario. Murió junto a su hermano Regino, el mismo que años atrás lo había llevado al seminario. Sus restos descansan hoy en la Catedral de Colima, en la cripta que el pueblo llama, con razón, la «capilla de los mártires».
Canonizado junto a otros 24 mártires mexicanos
San Juan Pablo II lo canonizó el 21 de mayo de 2000, junto con otros veinticuatro mártires de la Guerra Cristera. Es recordado como el primer sacerdote de la diócesis de Colima en sufrir el martirio, y su vida sigue siendo un testimonio de fidelidad para la Iglesia en México.
Un ejemplo que sigue hablando hoy
La historia de San Miguel de la Mora no es la de un hombre que buscó la muerte, sino la de un pastor que no supo abandonar a su rebaño. Su fidelidad, sostenida hasta el último Rosario que rezó con sus propios labios, nos recuerda que la fe verdadera no se mide en momentos cómodos, sino en las decisiones que tomamos cuando todo indica que sería más fácil huir.
Te invitamos a encomendarte a la intercesión de San Miguel de la Mora en nuestra Misa de hoy, y a pedirle la misma fidelidad silenciosa que él vivió hasta el final.
Referencias y fuentes consultadas
- ACI Prensa — «San Miguel de la Mora, sacerdote»: aciprensa.com/testigosdefe/cristera/mora.htm
- Catholic.net — «Miguel de la Mora de la Mora, Santo» (con Martirologio Romano): catholic.net
- Hogar de Luis Ángel — biografía detallada del padre Miguel de la Mora: hogardeluisangelo.weebly.com
- Wikipedia — «Miguel de la Mora»: es.wikipedia.org/wiki/Miguel_de_la_Mora